Las redes sociales nos han demostrado una y otra vez que la gente común puede tener crisis emocionales públicas extraordinarias.
Piensa en algunos de los titulares que todos hemos visto:
✈️ Tiffany Gomas en un vuelo de American Airlines insistiendo en que otro pasajero "no era real"
🥤 Un repartidor de DoorDash supuestamente roció con gas pimienta el pedido de Arby's de un cliente tras una discusión.
🍩 El infame incidente del "Donutgate" de Ariana Grande.
No se trataba de celebridades que buscaban llamar la atención. Eran personas comunes y corrientes que, por una razón u otra, tomaron decisiones muy públicas de las que probablemente se arrepienten.
Lo cual plantea una interesante cuestión de gobernanza.
Los moderadores voluntarios de Nextdoor también son vecinos comunes y corrientes. Son ciudadanos a quienes se les ha otorgado autoridad para influir en los debates, eliminar contenido y ayudar a dar forma a las conversaciones dentro de sus comunidades.
Son humanos. Tienen opiniones, prejuicios, malos días y emociones como cualquier otra persona.
Anteriormente pregunté qué medidas de seguridad existen para evitar que los moderadores tomen represalias contra los usuarios con puntos de vista impopulares o desacuerdos personales.
La propia plataforma suele ser escenario de debates polémicos en los que incluso temas tan inofensivos como cachorros, gatitos o eventos vecinales se convierten en discusiones. Si la tensión puede escalar tan rápidamente, ¿qué medidas de protección existen cuando un moderador participa en ese conflicto?
La gestión de riesgos no consiste en dar por sentado que la gente se comportará mal, sino en reconocer que todo el mundo es capaz de tomar malas decisiones en las circunstancias adecuadas.
Como accionista, sigo preguntando: ¿Qué políticas, mecanismos de supervisión, auditorías o medidas de rendición de cuentas ha implementado el director ejecutivo Nirav Tolia para garantizar que no se abuse de la autoridad de moderador?
Esperar a que una noticia de alcance nacional fuerce el debate puede ser esperar demasiado.
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